D’Onofrio exclusivo: lo que jamás contó. Parte 1

Entrevista exclusiva con el presidente Rodolfo D’Onofrio, quien mostró un costado íntimo desconocido en una larga charla con República R.

Rodolfo D’Onofrio recibe en su despacho del Monumental a República R dispuesto a hablar durante una hora en la que mirará dos veces el reloj: tiene un compromiso al que no quiere llegar tarde, pero nos trata con una muy especial deferencia. Invita con café y pide un agua mineral para él. Es una tarde invernal en Buenos Aires y al presidente de River se lo nota con ganas de decir algunas cosas, de confesar otras y también de profundizar sobre uno de los temas que más ruido generan en la agenda del club: ¿al Monumental hay que remodelarlo o mudarlo? 

La charla será editada en tres notas diferentes y en la primera se van a encontrar con un costado desconocido de D’Onofrio. Un D’Onofrio íntimo y cómo es su relación con River. Pasen y lean.

-¿En qué momento, desde que comenzó su gestión en diciembre de 2013, entró a su despacho y se sintió realizado?

-Más que realizado, es la suma de muchos momentos. No es uno solo. Uno de los momentos más felices es cuando entré y los muchachos ya habían dejado acá (señala la mesa principal) la Copa Libertadores. Y otro momento es cuando me dejaron varias copas juntas. Ahí es donde más soy visitado aunque no esté. Vienen todos los socios y directivos a sacarse unas fotos con la copa.

-¿Y en qué momento entró y se sintió preocupado?

-Eso fue la tarde del día que ganamos las primeras elecciones. Cuando me avisaron que tenía que pagar cheques por cinco millones de dólares, dije: “¿Dónde te metiste, Rodolfo?”. Sabíamos que había problemas pero no tantos.

-¿Qué aptitudes debe tener un presidente de River?

-De las cualidades que debe tener un presidente de River, hay una que estoy seguro de tenerla que es la transparencia y la honestidad. Eso es clave. Después, tener en claro que para conducir al club más grande de Argentina y a uno de los más grandes de América hay que tener un proyecto. Si un presidente cree que es lo más importante, está perdido. Muchas veces, al llegar al club, entro a la puerta Maratón y me voy solo adentro del campo de juego. Empiezo a mirar alrededor mío y me empiezo a acordar de los momentos que viví acá. Con mis padres y amigos. Me sigo emocionando. Y lo más importante: al recorrer solo el Monumental, me doy cuenta de lo chiquito que soy comparado con lo que es River. Lo practico todo el tiempo: hay que tener humildad, no ser soberbio, dedicarle mucho tiempo. Tenés que ser un militante. ¿Qué es ser militante? Que a las siete de la tarde no termina tu día. Tenés que militar en el sentido de la acción. No podes parar nunca.  A cada rato pasa algo. Tenemos más de cincuenta deportes, el Instituto, la Universidad y el fútbol. Y acá siempre tenés que hacer algo nuevo. Hay que tener actitud. No tiempo de venir a sentarte acá. Yo estoy detrás de todo, delego, pero siempre estoy viendo qué está pasando. A veces duermo mal porque me acuerdo de un tema antes de acostarme. Es un esfuerzo grande, pero no es un sacrificio.

-En esos rituales espirituales, ¿qué recorridos hace con su mente?

-Cuando miras a las tribunas, estás mirando con quién estuviste, adónde estuviste, en qué momento. Me acuerdo de haber venido a la cancha después de haber tomado la comunión en una goleada 4 a 0 contra Boca. Yo sigo siendo Rodolfo. Al presidente de River, lo que no le puede pasar es dejar de ser quien es. A los jugadores, cuando vienen a firmar su contrato, les digo: “Cuidado, manéjense con inteligencia. Cuidado porque van a aparecer las amigas y los amigos del campeón”. Cuando sos un hombre público, tenés obligaciones para con la gente. Por eso me acuerdo cuando Rodolfo le pedía un autógrafo a un famoso o a un jugador y no me llevaban el apunte. Eso me molestaba mucho. Como presidente, me piden fotos y me las saco. Los de seguridad a veces me cuidan y yo les digo: “Paren que me quedo”. Es un mimo que les hago a ellos y que me hago a mí.

-¿En qué medida no es un masaje al ego ser el presidente de River?

-Ser presidente de River es un orgullo y un honor. Cuando camino por el estadio y empiezo a mirar a mi alrededor pensando en los recuerdos con mi familia y mis amigos en el Monumental, digo: “Llegué a ser presidente de River, el club más grande de Argentina”. Sentís una satisfacción personal sobre algo que es muy deseado por muchos. Cierto sector de River es el único que puede sentirse más privilegiado: los jugadores. Eso es algo maravilloso: jugar un River-Boca, por ejemplo, es lo que a uno siempre le hubiera gustado hacer. 

-¿Qué jugador le hubiera gustado ser?

-Es una mezcla de varios. No por quedar bien, pero creo que es una mezcla de varios. He visto a muchos grandes jugadores. Los riverplatenses tenemos un defecto y es que siempre miramos al “diez” o al “nueve”. Y eso que en River jugaron grandes “dos”. Pasa el tiempo y Labruna se cansó de hacer goles y es un emblema de River. Después te vas a encontrar con uno que no salió campeón nunca pero que fue un monstruo: Ermindo Onega. Lo demostró en el Mundial de Inglaterra 1966, la rompió. Sumo al Beto Alonso, a Enzo y a Ortega. Y a Gallardo lo dejo como técnico. No lo voy a nombrar como jugador.

-¿Qué puntaje, de uno a diez, le pondría a su gestión?

No puedo calificarme a mí mismo. Si hablamos de modestia, seamos modestos. En las elecciones, los socios nos dieron un porcentaje importante de votos para que siga la gestión. Eso nos dio la alegría de decir: “El socio y el hincha de River lo sienten”. Uno viaja por todos lados y siente el cariño de la gente.

-¿Alguna vez pensó o tuvo temor de «chocar la Ferrari»?

No. Pero no de presuntuoso sino porque en mi vida, cuando emprendo algo, está estudiado, pensado, analizado. Sabía que lo económico y lo financiero lo íbamos a arreglar. Lo deportivo a veces depende de la suerte y de la gestión de otras cosas. Las cosas no ocurren por casualidad. Vienen por causalidad. Gallardo en una conferencia hizo referencia a algo que siento al hablar sobre cómo cree que está River. Decíamos que un equipo en la cancha es el reflejo de una hinchada, una Comisión Directiva, un cuerpo técnico. Si todo eso está mal, el equipo lo siente. Que haya una minoría que plantee cosas… A veces hay minorías más inteligentes, menos inteligentes; bueno, es lo que te toca. Uno de los aciertos más grandes que tuvimos fue el de traer a Enzo. A veces escucho a algunos que lo cuestionan y no entienden nada. Tuvo infinidad de aciertos, empezando por Gallardo y siguiendo por muchos jugadores que llegaron a River. Cuando me dijeron que íbamos a traer a Quintero, dije: “¿Quién, Quintero? Te soy sincero. Conozco nombres pero más que nada de los number one. Decían que Quintero anduvo por cinco clubes, qué se yo… Enzo me dijo: “Hay una posibilidad de un préstamo con opción de compra” y me dijo: “Juguémonos por Quintero, que va a caminar”. Y se dio.

-¿Y qué errores cometió?

Es feo a veces no reconocer errores, pero seguro los tuvimos. Parecería soberbio, porque uno dice: “No te equivocaste en nada”. Más que errores, te diría qué es lo que nos falta hacer. Porque errores cometes todos los días pero son errores que no mueven el péndulo para hacerle daño a River. El de la seguridad es un tema. Todo lo que sabemos de la gente que no queremos que venga a la cancha.

-¿Se refiere a la barra o a la hinchada?

No me gusta decir a la barra o a la hinchada. La barra no me molesta, es una distinción del fútbol argentino. Ahora, si delinquen, es otra historia. Para terminar con eso, necesitamos que el Estado Nacional se comprometa. Fui al Mundial como hincha y vi algo que hablé con el embajador argentino en Rusia, Ricardo Lagorio. Le dije por qué no le pedimos a los rusos esta tecnología que es el Fan ID ya que Argentina tiene una gran relación con el gobierno ruso. Es mucho más fácil esto que lo que se iba a hacer en Argentina. Automáticamente dejas afuera a todos los que no pueden entrar. ¿Queremos hacer el Mundial del 2030? Empecemos a transformar en fortalezas a las debilidades que tenemos. Eso se lo dije a las más altas autoridades ahora y antes. Es muy difícil que nos puedan solucionar el problema de la seguridad en las calles por todo lo que pasa. Pero sí es más fácil solucionar lo que pasa en las canchas.

-Pero el problema es de raíz porque los barras conviven con los políticos y los gremios. Hay connivencia de ellos con el poder y así es mucho más difícil erradicarlos.

Por eso te dije que es un problema nacional. ¿Qué me importa si son amigos de los políticos y los sindicatos? Si tenés las condiciones para entrar, entras.

-¿Hablaron de ese tema en la reunión que tuvo recientemente con Mauricio Macri? 

-A Macri le dije lo del Fan ID y me reconoció y me dijo que el tema de seguridad es muy importante. Patricia Bullrich está trabajando en el tema pero creo que hay que ir más a fondo. Tenemos que prohibirle la entrada a los que no pueden entrar antes de que vengan a la cancha.

-¿Percibe esa misma voluntad de parte del Gobierno?

Puede ser. Si el Gobierno decide que esto sea una prioridad, no tendrán alternativas. El día que lo hagamos a nivel global, somos los primeros en estar anotados. Ahora, solo es imposible. Quiero que mis hijos y yo podamos seguir caminando por la calle.

-¿Qué opina de la presencia de mujeres en las Comisiones Directivas de los clubes?

-Es una lógica que se ha dado en los últimos años. En distintos ámbitos de la sociedad la mujer va ocupando espacios. Ahora las mujeres juegan al fútbol. Es utilísimo que haya mujeres porque tienen su reflexión, su análisis, su punto de vista. La mujer a veces tienen una manera de ver más redonda, menos cuadrada. Tienen un montón de cualidades que son muy valiosas para una institución. Vemos que van entrando a todos lados. Ahora, tampoco es cuestión de poner mujeres por poner. Yo siempre quiero a los más capaces. Lo que no puede ocurrir es poner a un hombre porque es hombre.

-¿Y en River en particular?

-Siempre digo que para manejar a River necesitas a 600 socios que trabajen en el club. En todas las comisiones del club hay mujeres, y no te les pares mal porque te llevan puesto. Y en esta carrera irán desde una comisión a ser vocales y así seguirán creciendo. Lo que no me gusta a veces de este tema es hacer entrar mujeres como si fueran monitos. Les vamos a dar lugar por sus conocimientos y capacidades. Lo que no tenemos que permitir es que haya una discriminación hacia la mujer. Siempre creí en la meritocracia. Entonces, si alguien tiene mérito, viene. A mi rodeáme de los tipos más capaces. A algunos no les gusta tener a los más capaces alrededor porque tienen miedo de que les saquen el lugar. A mí, dame 50 Gallardo. Que yo sea el dos por ciento de lo que es Gallardo, a mi no me importa. Yo soy feliz. Dejálo que cada vez sea más popular.

 

No te pierdas la Parte 2 próximamente!!

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