Fuimos al cine: Roma

O de cómo una historia simple, conurbana, se convierte en una belleza que merece ser contada y compartida, por la mano de un director enorme. EL polémico estreno de esta obra personal y única.

Alfonso Cuarón, el director, es capaz de “…Y tu mamá también”, de cualquiera de Harry Potter, de “Hijos del hombre” y “Gravity”. Alfonso Cuarón es capaz y punto.

Capaz de contar historias grandiosas, de adaptar guiones novelescos, de conmover como en “Grandes esperanzas”, y también de contar la historia o una historia de su infancia, con mano maestra y convertirla en una película conmovedora.

Con algún recuerdo a la Roma de Aristarain, que no sabemos si Cuarón ha visto, Roma es la historia de un barrio del conurbano mexicano, de la periferia del DF, que tuvo un despegue a principios del 1900, con construcciones europeas y el asentamiento de familias de grandes fortunas, y que para los años 70 (la película arranca en 1970) se había convertido en el barrio preferido de las familias de clase media profesional y acomodada de la sociedad mexicana.


Junta sus recuerdos de infancia, los mezcla a la manera de un narrador biográfico, y produce una película de dos horas que no nos hace saltar de la silla, pero nos sitúa en un estado de atención permanente y nos hace vibrar supliendo un guión lleno de sorpresas o imágenes costosas, por la belleza de la cosas simples.

Con una fotografía impecable (propia, ya que el famoso Chivo Lubezki el gran fotógrafo mexicano no pudo acompañarlo por tener otra película) y la decisión de rodarla en blanco y negro (en un blanco y negro pleno, sin granos grandes, sin la pretensión de lograr ni nostalgia ni tristeza) compone una historia familiar impecable.

Construida en base a la vida de una familia mexicana de mamá profesora de química en un colegio, papá médico, 4 hijos, una abuela, dos mucamas y un señor todo terreno que a veces hace de chofer y otra de mandadero (a la usanza de las familias tradicionales) toda la película está contada desde la perspectiva de una de las mucamas, Cloe, que vivirá de costado en ese mundo de sus patrones, viviendo en su espacio su propia vida, que más de una vez se va a ver imbricada en la vida de la casa.


Las costumbres, los autos, el clima social de la época, la violencia en las calles, el mundial del 70, las cuestiones de raza y mestizaje, la cultura, la crianza de los niños en colegios caros, la proximidad con el mundo norteamericano, el amor, la ignorancia, todo junto y a favor de contar una historia.

Hay momentos de autobiografía, y hay un método de trabajo que se nota mucho en el corte final de la película, que fue filmada de manera lineal, es decir, día a día, como la vida misma.

Guiños al espectador, como la aparición de aviones en segundo plano, algunos personajes muy de la cultura mexicana como el luchador que es instructor de artes marciales, o referencias a sus propias películas, como la que sucede en esa película que vana ver Cleo y su novio que recrea una escena de astronautas en el espacio muy parecida a alguna escena de “Gravity” y una música muy cercana a nuestra propia infancia, son elementos centrales en la trama.

Y otra vez, la maravillosa fotografía, que hace que cada escena sea un cuadro que hay que ver.

No hay mucho más, no hay explosiones, no hay romances inesperados, no hay tramas de espionaje, hay una historia simple, contada de manera magistral.

Por esas cosas de los nuevos formatos y de los nuevos circuitos, solo puede verse en Netflix, que es una buena noticia, pero nos deja con las ganas de verla en pantalla grande.

Es una firma candidata a muchos premios.

Fuente: Gustavo Pedace, publicado en Butaca al Centro.

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